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La migración de las aves

 

El fenómeno de la migración es conocido por el hombre desde épocas remotas. Generalmente, la migración consiste en largos desplazamientos que coinciden principalmente con las épocas invernales de los hemisferios norte y sur del globo terráqueo. Evidentemente, las aves buscan y seleccionan zonas geográficas menos gélidas y que sean abundantes en recursos alimenticios. Estos movimientos son periódicos y se realizan todos los años.

Las aves que van al sur o regresan al norte establecen direcciones muy precisas y pueden seguir marcas o guías características en busca de las zonas de invernada, como la posición de las estrellas, el sol, cadenas montañosas, ríos, valles, costas, islas, roques marinos, luces nocturnas de las ciudades y recientemente se ha comprobado que las aves son capaces de detectar los campos magnéticos terrestres y probablemente las radiaciones térmicas, los efectos de la rotación de la Tierra y los olores.

EgrettaGarzettaEnVuelo.Cadiz.Abril2012.BirdingCanarias

Las áreas de invernada son los lugares donde las aves, principalmente migradoras, reposan y se alimentan durante una parte del año, principalmente en otoño – invierno. Estas áreas suelen estar separadas de los lugares de cría por varias decenas, centenares o miles de km. Suelen ser zonas donde las condiciones para la reproducción no son las más favorables. Las aves que han realizado algún viaje migratorio, pueden reconocer perfectamente el área de invernada debido principalmente a su memoria visual, los jóvenes en muchas ocasiones son guiados por los propios padres o por otros adultos expertos en los viajes migratorios.

Sin lugar a dudas todos estos movimientos tienen como principal condicionante el clima. La climatología marca la fecha de partida, el lugar de destino y principalmente las condiciones de la migración; más aun, en ocasiones las adversidades meteorológicas o cambios climáticos, generalizados, motivan el desplazamiento de especies o poblaciones que normalmente se comportan como residentes.

De este modo, el cambio climático global producido por las emisiones de CO2 a la atmósfera y de otros gases contaminantes como el óxido nitroso (N2O), el metano (CH4), los clorofluorcarbonados (CFC), etc. procedente de las emisiones de la industria, los vehículos, los aerosoles, los incendios y otras actividades de las que el hombre es el principal responsable, provoca importantes cambios en los modelos climáticos.  Las principales consecuencias son una tendencia al aumento de las temperaturas, una reducción de las precipitaciones anuales y un incremento de los fenómenos climáticos extremos (lluvias torrenciales, cambios bruscos de temperaturas, olas de frío o calor, vendavales, huracanes, sequías, inundaciones, tornados, tifones,  tormentas, avalanchas, drásticos descensos de la temperatura, aumento de las mareas, descontrol en las estaciones, etc.).

Estudios recientes ya hablan de la desaparición de ecosistemas, pérdida de biodiversidad, aumento de la desertización, descenso de los niveles freáticos, alteración mundial del régimen de lluvias, posibilidad de que surjan nuevas hambrunas y pandemias e igualmente posibilidad que muchas bacterias, virus y enfermedades tropicales  se extiendan hacia zonas templadas.

Sin lugar a dudas estos cambios globales sobre las condiciones ambientales del planeta se ven reflejados en el comportamiento y supervivencia de un grupo de excelentes bioindicadoras como son las aves, especialmente las migratorias. El cambio climático esta  originando una serie de cambios en los  hábitats de las aves migratorias que están alterando notoriamente su memoria y por consiguiente las  rutas de ida y regreso y puede, inclusive, alterar los períodos de incubación y reproducción, muchas de las cuales pueden ver afectada su supervivencia. Algunas especies de aves han alterado su regreso a su sitio de partida y están buscando zonas un poco más cálidas o, por el contrario, más frías.

LarusRidibundus.CadizAbril2012.BirdingCanarias

El seguimiento de las aves migratorias, por tanto, constituyen un excelente indicador del estado de nuestro clima y nuestros habitas más sensibles, tanto en las costas como en humedales. Ofrecen información sobre los factores que controlan la misma y pude emplearse como una herramienta muy útil para la conservación y gestión de espacios naturales, la diversidad biológica y, sobre todo, como indicador de futuras catástrofes ambientales.